Cuando uno escucha el nombre de Esteban Hernando, lo primero que viene a la mente no son solo sus logros, sino la pasión que pone en cada uno de sus proyectos. Uno de esos tipos que cuando cuentan su historia, te hacen sentir que todo es posible. Aunque, claro, si te detienes un momento y piensas: ¿realmente todo es posible? Esteban, seguro, te diría que sí. Empezó con Edetronik allá por 1998, una época en la que hablar de transformación digital era casi ciencia ficción. En medio de una crisis familiar, tras la muerte de su padre, él y sus hermanos se lanzaron al ruedo, como quien se lanza a un abismo con la certeza de que hay red abajo, aunque no la vea.
Y vaya si la red estaba. Desde entonces, Hernando no ha hecho más que innovar, como si tuviera un pacto con el futuro. Tecnología punta, IA en proyectos que van desde Peppa Pig hasta La Liga, pero siempre con un ojo puesto en el impacto social. Como el de Verlife, que nació de un golpe personal: la pérdida de su padre. Un proyecto que busca poner desfibriladores en taxis y formar a voluntarios. Porque, ¿qué es más importante que salvar una vida? «Verlife no es una app, es un virus que activa la inteligencia humana», dice Esteban. Y yo me imagino a cientos de personas, héroes anónimos, listos para actuar.
Hernando también tiene opiniones fuertes sobre la IA en los medios. «El futuro es el mensaje correcto a la persona adecuada en el momento perfecto», dice, y uno no puede evitar pensar en lo lejos que estamos de eso. Mientras tanto, critica cómo Google y Meta manejan la información, afectando incluso a la democracia. Y no puedo evitar preguntarme: ¿quién vigila a los vigilantes?
En su mirada hacia el futuro, Esteban advierte que las empresas que no se adapten están condenadas a desaparecer. Una reflexión que deja un sabor agridulce, especialmente en Europa, donde parece que nos estamos quedando atrás. «Redefinimos el papel del ser humano o el sistema nos sacará de la ecuación», advierte. Y yo, personalmente, prefiero un futuro donde la tecnología esté a nuestro servicio y no al revés.

