Hace poco, escuchaba a Sam Altman en un podcast hablando sobre la memoria de ChatGPT. Y me encontré reflexionando sobre cómo la tecnología está convirtiendo nuestras vidas en un libro abierto. Imagina un asistente que recuerda cada detalle de tu vida, desde lo que desayunaste hasta tus pequeños caprichos. Suena increíble, pero también un poco inquietante. ¿Estamos listos para convivir con un compañero tan íntimo y, a la vez, tan extraño?
Altman mencionó lo adictiva que puede llegar a ser esta personalización. Y sí, puedo entenderlo; a todos nos gusta sentir que alguien —o algo— nos entiende sin tener que explicar cada detalle. Pero, ¿dónde termina la comodidad y empieza la dependencia? En el mundo laboral, la IA ya está transformando roles, y no es difícil imaginar un futuro donde las máquinas tomen decisiones cruciales por nosotros.
Sin embargo, no todo es incertidumbre. La tecnología también trae consigo promesas de eficiencia y nuevas oportunidades. Altman habló de cómo la IA podría cambiar la forma en que interactuamos con el mundo, haciendo que nuestras herramientas sean más proactivas que reactivas. Aunque esto suena emocionante, me pregunto si estamos preparados para ceder tanto control.
Al final, la pregunta es: ¿qué queremos de nuestras máquinas? ¿Un amigo, un asistente, o algo más? La línea entre la utilidad y la invasión es fina, y nuestra sociedad tendrá que decidir hasta dónde estamos dispuestos a llegar. Mientras tanto, seguiré escuchando podcasts y observando cómo este fascinante drama tecnológico se desarrolla.

