El año de los excesos en inteligencia artificial

El año de los excesos en inteligencia artificial

2025 está a punto de despedirse y lo hace dejando una estela de luces y sombras en el universo de la inteligencia artificial. El año ha sido, sin duda, un gran escaparate para esta tecnología, pero no todo lo que reluce es oro, como bien reza el dicho popular.

La IA ha sido la estrella del año, pero el precio de su brillo ha sido alto, y no solo en términos monetarios. Grandes empresas han apostado fuerte, demasiado fuerte, y el gasto desmesurado se ha convertido en una losa que empieza a asustar a los inversores. Oracle, por ejemplo, ha puesto en jaque a los mercados al anunciar un gasto colosal en centros de datos sin los ingresos esperados.

El analista Dave McGarel lo resumió con una frase que bien podría pertenecer a una de esas películas de aviadores: «tu ego está firmando cheques que tu cuerpo no puede cobrar». Y es que, al parecer, las empresas han estado volando demasiado cerca del sol.

Además, el consumo de energía se ha convertido en una barrera que ralentiza el avance de la IA en Estados Unidos. Los centros de datos devoran electricidad a un ritmo alarmante, y eso podría ser un problema mayor de lo que parece a simple vista. La iniciativa Colossus 2 de Elon Musk es un buen ejemplo de este apetito insaciable.

Por otro lado, el mercado bursátil está viviendo una especie de reconfiguración. La tecnología ya no es el rey indiscutible, y sectores más tradicionales están tomando el relevo. La diversificación se impone como mantra, y aunque la IA sigue siendo relevante, el foco se mueve hacia inversiones con resultados tangibles.

¿Estamos ante un cambio de paradigma? Quizás. Lo que está claro es que en este juego, la paciencia y la prudencia se cotizan al alza, y el mercado nos invita a repensar nuestras apuestas. La lección es clara: en el mundo de la inversión, como en el de la aviación, a veces es mejor reducir la velocidad y planear con calma.