Oriol Vinyals es como esos genios que de niño ya apuntaban maneras. Mientras otros jugaban a las canicas (o lo que sea que jugaban los niños en los 80), él iba haciendo preguntas matemáticas a su padre en caminatas por La Mola. De ahí a liderar el desarrollo técnico de Google DeepMind, hay un trecho, pero no tan largo para este catalán que, por cierto, también era un crack en StarCraft. Ahora, con 42 años, Vinyals es una autoridad en inteligencia artificial y sus contribuciones son tan vastas que está en el top cinco de los científicos más citados en su área.
Hace poco, Google lanzó Gemini 3, y parece que incluso ha puesto nervioso a Sam Altman de OpenAI. Pero lo que más me intriga es cómo Oriol ve el futuro de la IA. Para él, seguir creciendo no es solo cuestión de hacer las máquinas más grandes o potentes. No, es algo más sutil: mejorar el preentrenamiento y el uso de los datos. Y sí, hay desafíos. La IA todavía comete errores, lo que llaman «alucinaciones», y corregirlos es como intentar que un niño no vuelva a meter los dedos en el enchufe. ¿Será posible?
Lo curioso es que Vinyals y su equipo saben que no pueden seguir escalando sin pensar en la energía. Google, con sus centros de datos neutrales en CO2, tiene que estar preparado para la demanda futura. Pero, ¿y si han subestimado el crecimiento? La paradoja de Jevons sugiere que más eficiencia puede llevar a un mayor consumo. ¿Nos llevará esto a un punto de no retorno? En cualquier caso, Vinyals sigue adelante, guiando un equipo que no solo busca entender el mundo, sino también mejorarlo.

