En Galicia, donde las lluvias son casi tan constantes como las sorpresas políticas, la Xunta ha decidido dar un paso audaz: incorporar la inteligencia artificial en todos los diagnósticos de la sanidad pública. Suena bien, ¿verdad? Pero, como suele pasar, el diablo está en los detalles. O mejor dicho, en la falta de ellos. Alfonso Rueda, el presidente de la Xunta, lo anunció con la confianza de un vendedor de seguros, pero sin entrar en tecnicismos que, seamos honestos, son los que realmente preocupan a la gente.
Imagina ir al médico y que el resultado de tu radiografía venga de un programa de IA en lugar de un radiólogo. Sí, ya está pasando, y algunos médicos de familia no están precisamente tranquilos. Antes, al menos ocasionalmente, un especialista revisaba las placas. Ahora, es solo si hay dudas. Y eso, amigos, es lo que inquieta.
Un caso curioso salió a la luz: una paciente se enteró de que la IA había intervenido en su diagnóstico solo cuando su médico se lo comentó. Así que, ¿dónde queda la comunicación? Rueda asegura que la IA no va a sustituir a los humanos, sino a complementar su labor. ¿Será así? ¿O es el comienzo de un camino donde las máquinas toman el control? La frontera entre tecnología y humanidad se vuelve más borrosa, y nosotros, los pacientes, nos encontramos en medio de este fascinante, aunque a veces aterrador, cambio.

