Christine Lagarde, con su inconfundible estilo directo, ha lanzado una advertencia a Europa sobre los peligros de poner trabas a la inteligencia artificial. La presidenta del Banco Central Europeo no se anduvo con rodeos en su discurso en Bratislava: regular en exceso podría costarnos caro. Y es que, según Lagarde, el viejo continente ya ha perdido el tren de ser pionero, pero eso no significa que no pueda ponerse al día.
Comparó la situación actual con la llegada de la electricidad o internet. Recuerdos de un pasado en el que Europa ya perdió el paso. Sin embargo, la IA podría ser diferente. La velocidad con la que se adopta esta tecnología es asombrosa, y Lagarde sugiere que, aunque no llegamos primero, podemos alcanzar a nuestros competidores si nos movemos rápido.
Es un juego de equilibrio. La innovación debe ser abrazada, pero con ojos bien abiertos a los peligros. Como cuando uno decide lanzarse al agua desde un acantilado: impresionante, pero potencialmente peligroso. Así que, ¿será Europa capaz de convertir su tardía adopción en una ventaja? Solo el tiempo lo dirá. Lo que está claro es que no podemos permitirnos quedarnos atrás otra vez.

