En un mundo donde las fronteras y las edades son más que números, un equipo internacional ha lanzado un salvavidas tecnológico: un sistema de inteligencia artificial que mejora la estimación de la edad en contextos forenses y migratorios. Este desarrollo, en el que ha participado el profesor Stefano De Luca de la Universidad de Oviedo, es un ejemplo de cómo la tecnología puede ser un aliado en asuntos tan delicados como la migración irregular o la trata de personas.
Lo que hicieron fue utilizar una red neuronal profunda para analizar radiografías dentales de personas entre 14 y 26 años. La diversidad de la muestra, procedente de 12 países, garantiza que el sistema no se quede corto ante las diferencias geográficas y biológicas. El resultado es un error medio absoluto de solo 1,12 años, lo que es un gran avance si consideramos lo que está en juego.
Una de las preocupaciones más grandes en estos procesos es evitar clasificar erróneamente a menores como adultos. Las consecuencias legales pueden ser devastadoras. Por eso, el sistema incluye intervalos de predicción que aportan un rango de edad con confianza estadística. Esto se alinea con las directrices europeas de IA confiable y respeta principios de no discriminación y supervisión humana.
Pero, ¿qué significa esto para el futuro? Pues bien, este sistema ya ha sido validado en escenarios reales y ha mantenido altos niveles de rendimiento. Es el primer método basado en IA que demuestra ser aplicable en contextos forenses de manera completa. Así que sí, parece que estamos en la dirección correcta.
En un mundo donde las decisiones erróneas pueden tener consecuencias irreparables, tener una herramienta así es un avance más que bienvenido. La inteligencia artificial, cuando se usa con cuidado y responsabilidad, puede ser más que una simple máquina: puede ser una herramienta crucial para la justicia y la protección de los más vulnerables.

