La historia de Jensen Huang es casi de película. Imagina: desde los fogones de una cadena de comida rápida hasta convertirse en el cerebro detrás de Nvidia, una de las compañías líderes en procesadores para inteligencia artificial. Es como si de servir hamburguesas pasara a servir el futuro en bandeja de plata.
Nacido en Taiwán y criado en los Estados Unidos, Huang no siempre tuvo claro que acabaría liderando la revolución de los GPUs. Pero como dicen, el genio encuentra su camino, y vaya si lo encontró. En 1993, cofundó Nvidia, en un momento en que los gráficos por computadora eran casi un lujo. Nadie imaginaba que esos chips terminarían siendo el corazón de la inteligencia artificial moderna.
Lo curioso es que, al principio, Nvidia era conocida por sus tarjetas gráficas para videojuegos. Pero Huang vio más allá. Se dio cuenta de que esos mismos chips podían acelerar cálculos complejos, y así nació una nueva era de procesamiento paralelo que hoy impulsa desde coches autónomos hasta la investigación médica.
Pero la historia de Huang no es solo de éxito. Es también un recordatorio de que, a veces, el camino hacia la innovación está lleno de riesgos y decisiones audaces. Nvidia apostó fuerte cuando pocos lo hicieron, y ahora, su tecnología es esencial para el desarrollo de la IA.
La lección aquí es clara: a veces, las oportunidades surgen donde menos lo esperas. Y quizás, solo quizás, ese trabajo que ahora parece rutinario podría ser el trampolín hacia un futuro que ni siquiera has imaginado.

