La promesa y el espejismo de la inteligencia artificial general

La promesa y el espejismo de la inteligencia artificial general

Imagina a Vladimir y Estragon, los personajes de Beckett, pero en lugar de esperar a Godot, están frente a una pantalla, esperando que la Inteligencia Artificial General (AGI) se manifieste. Nos encontramos en 2025, un año que ha sido una montaña rusa de emociones para los devotos de la tecnología. Por un lado, la utopía parece al alcance con científicos como Demis Hassabis recibiendo premios Nobel por avances como AlphaFold, que resuelven problemas biológicos con la misma facilidad con la que nosotros hacemos click en un enlace. Sin embargo, por otro lado, los informes de empresas como Apple revelan las limitaciones actuales: nuestros queridos chatbots, lejos de ser herederos de genios como Einstein, se tropiezan con problemas de lógica básica.

Nos encontramos atrapados en esta dualidad: la tecnología es al mismo tiempo un prodigio y una decepción. Como bien lo explica el filósofo Nick Bostrom, nuestra comprensión de lo «inteligente» y lo «estúpido» se desmorona ante una máquina que puede simular el pensamiento humano pero no entender que el agua cae de un vaso al revés. La AGI se ha convertido en un objetivo esquivo, una promesa que impulsa inversiones billonarias y que, al mismo tiempo, oculta las limitaciones actuales tras una cortina de jerga tecnológica.

Para intentar desenredar este complejo panorama, hemos recurrido a cuatro de las voces más lúcidas en este campo. Gary Marcus, François Chollet, Ramón López de Mantarás y Melanie Mitchell nos ofrecen una perspectiva crítica sobre los desafíos y las ilusiones de la inteligencia artificial. Mientras Marcus se siente reivindicado por sus advertencias sobre los límites del escalado, Chollet nos recuerda que memorizar no es lo mismo que comprender. Mitchell y Mantarás destacan la importancia de una inteligencia que no solo procese datos, sino que entienda el mundo de manera coherente.

La AGI sigue siendo un sueño, una visión que oscila entre el avance revolucionario y la fantasía tecnológica. Mientras esperamos su llegada, debemos preguntarnos si estamos ante un nuevo amanecer o simplemente ante el último gran truco de la historia de la ciencia.