Hoy en día, la inteligencia artificial generativa está en boca de todos. Pero, ¿hemos pensado realmente en lo que significa integrar esta tecnología en nuestras oficinas y empresas? Parece que cada vez más organizaciones se lanzan de cabeza a adoptar herramientas IA, sin darse cuenta de que están abriendo una caja de Pandora. Y claro, los datos privados y sensibles están en el centro del huracán. Los riesgos legales y empresariales son como esa sombra que nadie quiere ver, pero que está ahí, amenazante.
Un informe de Microsoft y LinkedIn de enero de 2025 señala que el 77% de los profesionales ya utiliza IA en el trabajo. Muchos, por su cuenta y riesgo, sin que el área de TI lo sepa. Esto es como dejar la puerta de casa abierta y esperar que nada malo ocurra. Los directivos están preocupados, con razón, por el riesgo de fuga de datos. La seguridad de los datos es el talón de Aquiles en este baile tecnológico.
La legislación, como el RGPD y la Ley de IA de la UE, está ahí para poner orden. Pero, ¿quién se toma el tiempo de leerla y entenderla? En el fondo, la adopción de la IA está pidiendo a gritos ciberseguridad y cumplimiento normativo. La formación en ciberseguridad es vital. Porque, sin empleados comprometidos, cualquier medida técnica es como un castillo de naipes.
Y luego está la gobernanza de datos. No es solo un término de moda; es una necesidad. Clasificar datos sensibles, establecer políticas internas, y aplicar medidas de seguridad como el cifrado y la autenticación multifactorial son pasos no negociables. Y para rematar, internalizar modelos de IA y elegir proveedores europeos confiables es como tener un salvavidas en medio de un mar picado.
En resumen, la ciberseguridad y la protección de datos son la columna vertebral de cualquier aventura con la IA. Sin ellas, estamos navegando en aguas peligrosas.

