Miguel Illescas y el ajedrez de las máquinas

Miguel Illescas y el ajedrez de las máquinas

A veces, el ajedrez se siente como el juego de la vida. Otras, es una batalla de ingenios entre humanos y máquinas. Pero cuando hablo de Miguel Illescas, no puedo evitar pensar en un hechicero moderno que ha navegado ambos mundos con maestría. Illescas, con sus ocho títulos de campeón de España, ha sido una figura titánica en el mundo del ajedrez. Pero lo que realmente me fascina es su papel detrás de las cortinas de la informática, ayudando a domar a las bestias electrónicas como Deep Blue.

Recuerdo el revuelo que causó Deep Blue cuando venció a Kaspárov en 1997. Era como si de repente, las máquinas que hasta entonces habían sido nuestras herramientas, se hubieran convertido en nuestros iguales —o incluso en nuestros superiores—. Miguel, con su experiencia, vio algo más allá. No se trataba solo de un juego de ajedrez; era una danza entre la lógica humana y la implacable eficiencia de la máquina. Él entendió que, aunque Deep Blue procesaba millones de jugadas por segundo, la verdadera magia estaba en las reglas humanas que le enseñaron, como si de un aprendiz se tratase.

Y ahora estamos aquí, en una encrucijada tecnológica donde la IA avanza a pasos agigantados. Algunos dicen que estamos en la casilla B1 de un nuevo tablero. La verdad es que, cada vez que una máquina de ajedrez como AlphaZero juega, redefine nuestra comprensión del juego. Me pregunto si alguna vez nos quedaremos sin palabras como lo hizo Miguel al ver una partida de AlphaZero. Quizás, en nuestra búsqueda por crear máquinas que piensen, estemos descubriendo aspectos de nosotros mismos que nunca imaginamos.

¿La IA será nuestra mayor aliada o el desafío más grande? Como en el ajedrez, cada movimiento cuenta. Y, aunque las máquinas calculen mejor, siempre habrá un rincón del tablero donde la intuición humana prevalezca. Al menos, esa es mi esperanza.