Ah, la inteligencia artificial, esa prometedora pero esquiva musa que nos seduce con sus posibilidades. Me imagino que, en una esquina del mundo, un grupo de economistas está reunido, discutiendo acaloradamente sobre el impacto de la IA en el futuro del trabajo y la economía. ¿Será un salto adelante o el temido cisne negro que trastoca el sistema?
La inversión en IA sigue una trayectoria ascendente, pero los frutos se hacen esperar. Las grandes tecnológicas, esas que llamamos las «siete magníficas», dominan el mercado bursátil norteamericano, acumulando un poder que se siente casi desmesurado. Es un juego de apuestas altas, donde el riesgo financiero y las prácticas anticompetitivas podrían desencadenar una tormenta perfecta.
En medio de esta incertidumbre, Europa intenta resistir, imponiendo regulaciones que limiten el poder de mercado de estos gigantes. Es una batalla de David contra Goliat, con la innovación y la libre competencia en juego. La buena noticia, si es que hay una, es que la IA podría ser una aliada para economías como la española, siempre que se encauce correctamente. Pero el camino está lleno de desafíos y preguntas sin respuesta.
¿Estamos preparados para integrar la IA en nuestras vidas sin perder el control? ¿Podremos equilibrar el progreso tecnológico con un mercado justo y competitivo? El próximo año será decisivo, y yo, como muchos otros, observo con una mezcla de esperanza y temor. Apostemos por el gran salto adelante, pero no olvidemos que el cisne negro siempre acecha en las sombras.

