España, IA y el desafío de la soberanía digital

España, IA y el desafío de la soberanía digital

Que levante la mano quien sepa realmente qué es la soberanía digital. ¿Nadie? No se preocupen, no están solos. Sin embargo, el Ministerio de Transformación Digital en España ha decidido que es hora de que todos lo entendamos un poco mejor, y para eso han organizado el llamado «Desafío ALIA». Un nombre imponente, ¿no?

Este evento, que podría ser el sueño de cualquier fanático de la tecnología, reunió a un montón de cerebritos de diferentes sectores con un objetivo claro: hacer que la IA en España sea innovadora, responsable y, por supuesto, sostenible. Vaya tarea.

María González Veracruz, que tiene un trabajo tan largo que ni cabría en su tarjeta de presentación, fue la encargada de abrir el evento. Su discurso fue un canto a la colaboración, y no le faltó razón: en un mundo donde la IA decide desde quién obtiene un préstamo hasta qué serie deberías ver, estar unidos es casi una obligación.

Pero aquí no solo se habló de buenas intenciones. La secretaria de Estado anunció la apertura de un modelo de IA llamado ALIA 40B. Si te suena a algo salido de una película de ciencia ficción, no te preocupes, no eres el único. Este modelo, con 40.000 millones de parámetros (que es básicamente una forma elegante de decir que es muy, muy complejo), ha sido entrenado para entender las muchas culturas de España. Sí, también el gallego y el euskera.

Cristian Cantón, del Barcelona Supercomputing Center, dio un paso más allá y lanzó ideas tan interesantes como preocupantes. Comparó el estado actual de la IA con el salvaje oeste, sugiriendo que necesitamos ser pioneros en asegurarnos de que nuestros algoritmos no se conviertan en pistoleros descontrolados.

Y para rematar, se discutió sobre la soberanía en la IA. Un tema que no es solo un concepto abstracto, sino algo que podría definir nuestro lugar en el mundo tecnológico. Porque, después de todo, si en Europa no empezamos a crear nuestras propias soluciones, podríamos encontrarnos dependiendo de otros países que, digámoslo claro, no siempre tienen nuestros mejores intereses en mente.