En un mundo donde la inteligencia artificial se ha vuelto tan común como el pan de cada día, es fácil olvidarse de que esta tecnología, por muy brillante que parezca, no es infalible. Antonio García Cabot, el sabio profesor de la Universidad de Alcalá, nos recuerda que, aunque estas máquinas pueden hacer maravillas, aún necesitan supervisión humana.
La IA ha invadido nuestras vidas; desde organizar nuestras agendas hasta sugerirnos qué serie maratonear el fin de semana. ¡Y vaya que es útil! Pero, ¿hasta qué punto estamos dispuestos a ceder nuestras decisiones a estos algoritmos? ¿Nos hemos vuelto tan cómodos que preferimos que una máquina decida por nosotros?
García Cabot nos advierte que, aunque estos sistemas son geniales para optimizar tareas, no deberían reemplazar nuestro juicio. Algo que me hace recordar aquella vez que, confiando ciegamente en un GPS, terminé en un callejón sin salida. ¡La tecnología no siempre sabe lo que es mejor para nosotros!
El uso de la IA en educación abre un abanico de oportunidades, pero con ellas vienen los desafíos. ¿Serán los estudiantes capaces de discernir información confiable de las «alucinaciones» que a veces producen estas IA? La clave parece ser una convivencia responsable, donde la tecnología complemente, pero no sustituya, la experiencia humana.
En definitiva, el último episodio de «Por qué la IA no es tan inteligente como crees» nos invita a reflexionar sobre el papel de estas herramientas en nuestra vida diaria. Porque, al final del día, la inteligencia artificial es tan inteligente como las manos que la guían.

