La inteligencia artificial enfrenta una tormenta legal

La inteligencia artificial enfrenta una tormenta legal

En el mundo de la tecnología, la inteligencia artificial se mueve tan rápido que a veces parece que los legisladores y reguladores apenas pueden seguirle el paso. Y en 2025, esa velocidad vertiginosa ha llevado a gigantes como Anthropic, Meta, OpenAI, Google y Perplexity al ojo de una tormenta legal por utilizar contenidos protegidos sin pedir permiso ni pagar por ellos. Hablamos de un asunto que no solo pone en jaque a la industria tecnológica, sino que también agita las aguas de la literatura, el periodismo y la música.

Anthropic, por ejemplo, se ha visto envuelto en lo que podría describirse como una telenovela legal de varios millones de dólares. En agosto de 2024, un grupo de autores los demandó por usar libros piratas para entrenar su IA. ¿El resultado? Un acuerdo de 1.500 millones de dólares que ha dejado a más de uno boquiabierto. No es para menos, es el mayor acuerdo de este tipo hasta la fecha. Lo curioso es que Anthropic no tiene que destruir los modelos entrenados, solo las bases de datos ilegales. ¿Contradictorio? Quizás, pero así son estas batallas legales.

Mientras tanto, en Europa, la historia es otra. Un tribunal de Múnich le dio un revés a OpenAI al dictaminar que sus modelos memorizaban y reproducían letras de canciones protegidas. Este fallo deja claro que la simple disponibilidad de contenido en internet no es carta blanca para su uso en entrenamientos de IA. ¿Y qué implica esto para el futuro? Un marco regulatorio más estricto que se cierne sobre Europa, algo que sin duda pondrá a más de una empresa a sudar la gota gorda.

Pero la música y los libros no son las únicas trincheras. El periodismo también está en pie de guerra. The New York Times ha demandado a Perplexity por copiar sus artículos sin permiso. Y para rematar, la Comisión Europea ha puesto a Google bajo la lupa por supuestamente utilizar contenido de editores web y videos de YouTube sin compensar a los creadores.

Meta, por otro lado, ha optado por un enfoque más conciliador, firmando acuerdos de licencia con varios medios para usar sus contenidos de manera legal y compensada. Sin embargo, no se ha librado de las demandas por usar obras protegidas sin licencia.

Todo esto marca un cambio de paradigma. El mensaje es claro: los datos ya no son gratis. Las empresas de IA deben adaptarse y respetar los derechos de propiedad intelectual desde el principio. Porque si algo está claro, es que la era de la inteligencia artificial también es la era de la reivindicación de los derechos de autor.