En Montreal, la tecnología fue la gran protagonista en el primer Digital Partnership Council entre la Unión Europea y Canadá. Este nuevo marco de colaboración es más que una simple reunión: es el primer paso hacia una relación digital más fuerte, donde la inteligencia artificial juega un papel crucial. Con un ojo puesto en la regulación y la economía, ambos socios buscan alinear políticas tecnológicas y reforzar su competitividad en un mundo cada vez más digital.
La inteligencia artificial fue el eje central del encuentro, con un Memorando de Entendimiento que formaliza la cooperación. La misión es clara: facilitar tecnologías de IA fiables y respetuosas con los derechos fundamentales. No es solo una cuestión ética, sino de supervivencia económica. La IA en salud, manufactura o servicios públicos es vista como la llave para la competitividad futura.
Pero no todo gira en torno a la IA. La identidad digital y los servicios de confianza también tuvieron su espacio. La interoperabilidad entre las arquitecturas europeas y canadienses podría ser un paso hacia una convergencia digital más amplia. ¿Podría esto simplificar nuestras vidas digitales, haciendo transacciones electrónicas más seguras? Probablemente sí.
El encuentro también abordó la independencia de los medios y los riesgos asociados a la IA generativa. Tanto Europa como Canadá reconocen la presión que estas tecnologías ejercen sobre los medios locales y las campañas de desinformación. La cooperación para apoyar el periodismo local y preservar la integridad informativa es más necesaria que nunca.
Más allá de estos temas, la conectividad internacional y las infraestructuras críticas también fueron destacados. La colaboración en semiconductores, computación avanzada y tecnologías cuánticas subraya una preocupación compartida: la vulnerabilidad de las cadenas de suministro revelada por la pandemia.
Así, este Consejo Digital emerge como una estructura de cooperación que promete ser más estable y política que en el pasado. Un espacio donde Europa y Canadá pueden anticipar problemas y proteger intereses estratégicos en un mundo geopolíticamente complejo. ¿Será suficiente para enfrentar los desafíos del futuro digital? Solo el tiempo lo dirá.

