Nos encanta pensar que estamos salvando el planeta. Nos hemos vuelto expertos en reciclar, en presumir de coches eléctricos y en decir adiós al plástico. Y sin embargo, ahí está la inteligencia artificial, con su brillo tecnológico, poniéndonos en un brete. ¿Estamos realmente comprometidos con la sostenibilidad? Porque, si somos honestos, cada vez que tecleamos en ChatGPT, estamos gastando agua como si no hubiera un mañana. Sí, agua. 500 ml por cada 100 palabras, dice National Geographic España. Y eso, amigos, es mucho más de lo que parece.
La IA ha llegado para quedarse, eso es indudable. Nos ayuda en mil tareas cotidianas, desde elegir un menú hasta escribir ese email que tanto nos cuesta. Pero, ¿a qué precio? ¿Es este el futuro que queremos, uno donde la tecnología nos consume más recursos que los que nos devuelve? Tal vez deberíamos replantearnos nuestras prioridades y buscar formas de proteger el planeta antes de que sea demasiado tarde.
En este contexto, la pregunta es inevitable: ¿vale la pena sacrificar tanto por la eficiencia que nos promete la IA? Quizás es momento de poner freno, de buscar un equilibrio y de recordar que nuestro planeta tiene límites, al contrario de lo que la inteligencia artificial nos hace creer.

