La tentación de las máquinas

La tentación de las máquinas

La inteligencia artificial, ese nuevo cerebro externo al que acudimos cada vez más. Hace poco leí el tuit de una profesora experta en ciencia cognitiva que me dejó reflexionando. Ella advertía sobre cómo esta tecnología podría reemplazar nuestras funciones cerebrales a un ritmo que asusta. Y no me sorprendió, pero sí me hizo pensar: ¿hasta dónde estamos dispuestos a dejar que la IA piense por nosotros?

Me confieso culpable de usarla para resolver esas preguntas imposibles que ni mi biblioteca ni mis amigos pueden responder. Pero, ¿para escribir? Jamás. Sería como hacer trampa en un juego donde lo importante es el proceso, no solo el resultado. Sin embargo, la tentación está ahí. ¿No sería más fácil dejar que la IA estructure mis ideas? Pero me resisto. No quiero atrofiar mi creatividad.

Tal vez esté siendo romántico, pero estoy convencido de que la reflexión personal es insustituible. Porque, aunque la IA puede ofrecer respuestas rápidas, hay un placer indescriptible en el esfuerzo humano, en ese chisporroteo mental que ocurre cuando conectamos ideas por nosotros mismos. Así que, por ahora, seguiré peleando esa buena batalla, incluso cuando la tentación me susurre al oído.