ING se ha lanzado a la carrera tecnológica con un ímpetu renovado, decidido a no quedarse atrás frente a los neobancos. Desde sus primeros pasos en España en los años 90, con la idea revolucionaria de operar a distancia, el banco ha evolucionado, pero siempre con un objetivo claro: hacer la vida de sus clientes más sencilla. Y ahora, con la inteligencia artificial (IA) y su propia nube privada, ING quiere marcar la pauta.
Rocío López Valladolid, la mente maestra detrás de esta transformación tecnológica, lo explica con pasión. «El 98% de nuestros clientes ya solo nos contacta a través de su teléfono móvil», afirma, como si fuera una señal del futuro que ya está aquí. Con la migración a su nube privada, ING ha dado un paso audaz, buscando flexibilidad y velocidad en un mundo que no espera a nadie.
Lo curioso es que esta nube no solo es una maravilla tecnológica, también es una declaración de independencia. Con su centro de datos en Países Bajos, ING ha conseguido un equilibrio entre lo privado y lo público, aprovechando lo mejor de ambos mundos. Para López Valladolid, es casi una obsesión: adaptarse constantemente a las demandas de los clientes, ser rápidos, ser innovadores.
Pero no todo es tecnología pura. El cambio también ha sido organizativo. Con equipos multidisciplinares, ING está redefiniendo cómo se crean los productos, con ingenieros y comerciales trabajando codo a codo desde el primer momento. Y como si fuera poco, la ciberseguridad es otro frente que no piensan descuidar. Con innovaciones como el «¿Quién me llama?» y el botón SOS Fraude, ING está decidida a proteger a sus clientes en este mundo digital.
En definitiva, ING no es solo «Tu otro banco», es un banco que quiere seguir siendo relevante en un mercado cada vez más competitivo. Y vaya que lo están consiguiendo.

