España se encuentra en una posición privilegiada en el uso de inteligencia artificial (IA), superando a muchos de sus vecinos europeos. Pero, como siempre, hay una trampa: la adopción no es sinónimo de transformación. El informe AI Diffusion Report de Microsoft nos da una pista de este dilema. Aunque el 39,7% de los españoles en edad laboral usan herramientas de IA, la pregunta del millón es: ¿eso se traduce en un impacto real y sostenible?
La adopción aquí es amplia, pero muchas veces superficial. Herramientas que facilitan la vida diaria, sí, pero que rara vez transforman industrias enteras. Y mientras España celebra su posición, debemos preguntarnos si esta ventaja se mantendrá o si simplemente es una ilusión estadística.
El idioma español ofrece una ventaja, claro, pero no somos los únicos. América Latina comparte este recurso, y sus costes operativos menores podrían ser un desafío para España. Además, la realidad plurilingüe del país añade una capa más de complejidad. ¿Cómo podemos capitalizar nuestro multilingüismo sin dejar atrás a las lenguas cooficiales?
La infraestructura es otro talón de Aquiles. Con una capacidad de centro de datos modesta, España, como el resto de Europa, necesita invertir en infraestructura sostenible. La energía renovable es una carta que podemos jugar, pero no basta con tenerla: hay que saber cómo utilizarla.
Y el talento, el verdadero motor de la IA, sigue siendo un cuello de botella. La formación es clave, pero el sistema educativo español no siempre está a la altura. Aquí es donde el informe de Microsoft sugiere programas de reskilling y upskilling. Pero, seamos honestos, esto es fácil de decir y difícil de hacer.
Finalmente, la gobernanza es crucial. La IA se está integrando en áreas críticas, y sin marcos claros, podríamos enfrentar más problemas que beneficios. España necesita respuestas claras y accesibles para no perder el tren de la IA.
La pregunta no es si estamos adoptando la IA rápidamente, sino si estamos construyendo cimientos sólidos para un cambio duradero. La ventana de oportunidad está ahí, pero es limitada. El tiempo dirá si España logra convertir su rápida adopción en una ventaja competitiva sostenible o si, una vez más, nos quedamos a medio camino.

